
Allí están, millones de niños mexicanos, coloreando figuras de héroes
mexicanos muertos, aprendiendo historias de victimización,
rindiéndole tributo al pasado antes de pensar en el futuro.
Denise Dresser
Periódico Reforma 23/08/06
Encontrar chivos expiatorios siempre es sencillo, el caso del desempeño económico de México no es la excepción, los bajos niveles de crecimiento, la pésima distribución del ingreso, la caída en la competitividad; son ejemplos notorios de los fracasos económicos de México; hay quien le atribuye al modelo económico neoliberal per se todos los efectos perniciosos que la implementación mexicana hizo de éste, porque México pasó de un Estado que era prácticamente el único participante en la economía a desaparecer de ella por completo, se olvidó del papel básico del Estado: la regulación.
Herminio Blanco, ex secretario de comercio y fomento industrial decía que: “la mejor política industrial es la no política industrial”, evidentemente don Herminio en primer lugar desconocía las funciones del Estado, confundió la intervención estatal con la estatalidad, y en segundo lugar desconocía las necesidades de una economía sana en la que se requieren de reglas claras y eficientes que disminuyan los costos de transacción de los agentes económicos.
Bajo este tipo de pensamiento, intereses y la enorme corrupción se dio el proceso de liberalización en México, y los monopolios estatales se convirtieron en monopolios privados, el fracaso de las privatizaciones está a todas luces: las carreteras: de las más caras del mundo, la telefonía: también de las tarifas más altas del mundo, las televisoras: buscando leyes que les permitan el duopolio, la banca: rescatada de la manera más oscura posible; sólo por mencionar los más evidentes. Con este proceso se buscaba una mayor competitividad y lograr recaudar recursos para sanear las deudas del país, sin embargo ninguno de los dos objetivos se logró debido a la forma con la que fueron llevadas a cabo. Desde entonces son estos monopolios y otros más los que han inhibido la competitividad en ciertos sectores. Aunado a los monopolios los mecanismos que fomentan la inversión son limitados, los costos de transacción comparados son altos y esto le ha valido a México caer del lugar 32 en 1996 al lugar 58 en 2007 en el Índice de Competitividad Global, países como Hungría, Chile y Kazakhstan lo superan
Las ventajas competitivas de México se han resumido a una sola: su posición geográfica, ser el vecino del mercado más grande del mundo y aprovechar esta ventaja orientándose a la manufactura, porque en un país con 35 millones de personas que no sobrepasan los nueve años de educación es difícil esperar que se generen productos de alto valor agregado, en este país sólo se requiere saber tejer y soldar. Los servicios han sido dejados de lado en este proceso, servicios básicos como el crédito, gasolinas y energéticos no figuran en la economía mexicana, son sectores que prácticamente han quedado abandonados. Las exportaciones de petróleo crudo si bien representan el 15 por ciento del total nacional y el 40 por ciento de los ingresos estatales, no dejan de ser la exportación de un producto sin valor agregado, además la situación interna de PEMEX es cada vez más crítica, una empresa ineficiente que necesita de inversión, sin embargo esta no llega debido a la dependencia estatal de estos recursos.
La manufactura presenta problemas ya que cada vez requiere de más importaciones temporales para realizar sus productos, lo que se ha traducido en un constante déficit en la balanza comercial que solamente es contrarestado por la entrada de transferencias corrientes (remesas), que ascendieron a 23 mil millones de dólares el año pasado. La inversión en I + D es escasa, para 2007 el presupuesto de egresos sólo destinó 98 mil millones de pesos a ciencia y tecnología mientras que el presupuesto para entidades sujetas a control presupuestario directo (IMSS, ISSSTE, CFE, LFC, y PEMEX) ascendió a 720 mil millones de pesos, recursos que en gran medida son ocupados en gasto corriente.
Lo que reside tras estos datos no es otra cosa más que la indecisión del país por tomar un rumbo, la inexistencia de un proyecto nacional, porque los mecanismos para fomentar la competitividad están ahí, el apoyo de clusters, la inversión en ciencia y tecnología, la inversión en capital humano y físico, la disminución de los costos de transacción, el desmantelamiento de los monopolios, la reforma al propio gobierno antes de pensar en reformar al Estado, los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas, la aplicación de programas productivos no como Procampo que no es más que un programa de asistencia social, la ampliación del crédito y otros tantos mecanismos que existen para fomentar la competitividad pero que no suceden en México, el país que vive meciéndose en una hamaca apuntalada por el petróleo y las remesas. Ha sido ese el camino que han seguido países como Chile, que hoy se encuentra en el puesto 21 del ranking de competitividad, países que se encontraban hace 50 años en condiciones similares a México como España y Corea lo han sobrepasado.
La falta de las llamadas reformas estructurales, fiscal, energética, estatal, la inexistencia de una política industrial, de un órgano regulador de la competencia, muestran una clase política que no ha podido encontrar un consenso alrededor de estos temas pero también deja ver la inexistencia de la participación ciudadana en estos procesos, es generalmente la iniciativa privada quienes cabildean estas reformas y los intereses son encontrados. México experimenta una nueva realidad política con un proceso de toma de decisiones mucho más complejo que en el pasado con un mayor número de actores con poder de veto, el problema del crecimiento económico no radica en el sistema neoliberal sino en la manera en que lo hemos aplicado, los rivales en la competitividad no son China ni el sudeste asiático, sino las estructuras del viejo modelo que siguen vigentes en este país. México no está siendo victima del sistema; está pagando los errores de aplicación y postergaciones de establecer un proyecto nacional.